Si la periodontitis no se trata, la infección sigue destruyendo el hueso que sujeta los dientes, y ese hueso no se recupera solo. El proceso empieza con encías que sangran, continúa con retracción, sensibilidad y mal aliento persistente, y termina con dientes que se mueven y acaban perdiéndose. La buena noticia es que puede detenerse en cualquier punto del recorrido: cuanto antes, menos hueso se pierde por el camino.
Es una enfermedad silenciosa precisamente porque duele poco. Muchas personas llegan a la consulta cuando notan que un diente baila, y para entonces el daño lleva años avanzando.
Qué es exactamente la periodontitis
La periodontitis es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a los tejidos que sostienen el diente: la encía, el ligamento periodontal y el hueso alveolar. La desencadena la placa bacteriana que se acumula en el margen de la encía y que, al calcificarse, forma sarro por debajo de ella, donde el cepillo no llega.
Conviene distinguirla de la gingivitis. En la gingivitis la inflamación se queda en la encía: sangra, está roja e hinchada, pero el hueso está intacto y el cuadro es reversible con higiene profesional y una buena técnica de cepillado. En la periodontitis la inflamación ya ha traspasado esa barrera y ha empezado a destruir el hueso. Esa pérdida ósea no se revierte espontáneamente: lo que hace el tratamiento es frenarla y estabilizar lo que queda.
La otra pieza clave es la bolsa periodontal. Entre el diente y la encía existe un surco de pocos milímetros; cuando la inflamación despega la encía y destruye hueso, ese surco se profundiza y se convierte en una bolsa, un espacio cerrado donde las bacterias viven protegidas del cepillo, del hilo y del enjuague. Medirlas con una sonda periodontal, diente por diente, es lo que permite saber en qué punto está la enfermedad.
Cómo se nota que la enfermedad ha pasado de la encía al hueso
Señales tempranas, las que casi nadie consulta
El sangrado al cepillarse es el aviso más precoz y el más ignorado. Una encía sana no sangra: si mancha el cepillo o el hilo, hay inflamación. Se suman el mal aliento que vuelve al poco de cepillarse, un sabor extraño y persistente, y encías rojas, brillantes o hinchadas en lugar de rosadas y firmes.
En esta fase no suele haber dolor, y por eso se deja pasar. Es también el momento en que el tratamiento es más sencillo y en el que menos se pierde.
Señales de que ya hay pérdida ósea
Cuando la enfermedad avanza aparecen signos más visibles: los dientes parecen más largos porque la encía se ha retraído, se abren huecos oscuros entre ellos, aumenta la sensibilidad al frío al quedar expuesta la raíz, y los alimentos se quedan atrapados en espacios que antes no existían.
Más adelante los dientes se mueven, cambian de posición o se separan, y la mordida deja de encajar como encajaba. La movilidad es un signo tardío: para cuando un diente baila, el soporte perdido ya es considerable. Si además aprietas los dientes por la noche, el problema se acelera, porque la fuerza excesiva sobre un diente con poco hueso multiplica el daño. Lo explicamos en detalle en el artículo sobre bruxismo y apretamiento nocturno.
Qué pasa si no la tratas: la secuencia completa
1. La inflamación se cronifica
Las bacterias de la bolsa mantienen al sistema inmunitario en alerta permanente. Esa respuesta inflamatoria sostenida es la que, paradójicamente, acaba reabsorbiendo el hueso: no es la bacteria la que lo destruye directamente, sino la reacción del organismo frente a ella cuando no cesa.
2. Las bolsas se hacen más profundas
Cuanto más profunda es la bolsa, menos accesible resulta para la higiene domiciliaria y más anaerobio se vuelve el ambiente bacteriano de su interior. Se establece un círculo que se retroalimenta: más bolsa, más bacterias, más destrucción, más bolsa.
3. La encía se retrae y la raíz queda expuesta
La raíz no está recubierta de esmalte, sino de cemento y dentina, tejidos más blandos y sensibles. Al quedar al descubierto aparece la sensibilidad al frío y, con el tiempo, caries radiculares, que son más difíciles de restaurar que las caries de la corona.
4. El diente pierde soporte y termina perdiéndose
Un diente se sostiene sobre el hueso igual que un poste sobre la tierra que lo rodea. Cuando esa base desaparece por debajo de cierto punto, el diente se mueve, deja de ser funcional y acaba perdiéndose o teniendo que extraerse. Y aquí hay una consecuencia que suele sorprender: la periodontitis avanzada no solo cuesta dientes, también complica su reposición. Reponer con implantes dentales exige hueso suficiente, así que cuanto más se retrasa el tratamiento, más probable es que después haga falta un injerto óseo o una rehabilitación oral más compleja.
Además, la enfermedad periodontal es una patología con repercusión más allá de la boca, y existe evidencia científica que la relaciona con el control de la diabetes y con la salud cardiovascular. No es una cuestión estética ni exclusivamente dental, y ese es un motivo más para no dejarla correr.
Por qué no se resuelve sola
Por tres motivos. El sarro subgingival está adherido a la raíz por debajo de la encía y no se elimina cepillándose, ni con hilo, ni con irrigadores, ni con colutorios: hace falta instrumentar la superficie de la raíz. Las bacterias de la bolsa, además, se organizan en biofilm, una película que las protege y las hace mucho menos vulnerables a antisépticos y antibióticos que las bacterias sueltas, y romper ese biofilm es también un acto mecánico. Y el hueso perdido no vuelve por sí mismo: el tratamiento detiene la destrucción y conserva lo que hay.
En qué consiste el tratamiento periodontal
Diagnóstico: sondaje y radiografías
Antes de tratar hay que medir. El periodontograma registra la profundidad de sondaje de cada diente en varios puntos, el sangrado, la retracción y la movilidad, y las radiografías muestran el nivel de hueso. De ahí sale el diagnóstico y el plan, y el punto de partida para comprobar después si el tratamiento funciona.
Fase básica: raspado y alisado radicular
Es el núcleo del tratamiento. Consiste en limpiar la superficie de la raíz por debajo de la encía, eliminando sarro y biofilm, para que el tejido pueda desinflamarse y volver a adaptarse al diente. Se realiza por cuadrantes o sectores, con anestesia local, en una o varias sesiones según la extensión. Puedes ver cómo se aborda en nuestra sección de periodoncia.
Reevaluación
Semanas después se vuelve a sondar. Se compara con el periodontograma inicial y se ve qué bolsas han cerrado y cuáles siguen abiertas. Este paso no es un trámite: es lo que decide si basta con pasar a mantenimiento o si hacen falta más medidas.
Fase quirúrgica y mantenimiento
Cuando quedan bolsas profundas que no se resuelven con la fase básica puede indicarse cirugía periodontal, que permite acceder directamente a la raíz y remodelar los tejidos. Se plantea solo si la reevaluación lo justifica.
Lo que sí es para siempre es el mantenimiento periodontal: revisiones periódicas con higiene profesional, en las que se vuelve a controlar el sondaje. Un paciente tratado sigue siendo un paciente susceptible, y sin mantenimiento la enfermedad recidiva. Es la parte menos vistosa del tratamiento y la que más determina que lo conseguido se conserve.
Periodontitis e implantes dentales
Un implante no es inmune a la enfermedad periodontal. Existe un cuadro equivalente que afecta a los tejidos que rodean al implante, la periimplantitis, con la misma lógica: inflamación, bolsa, pérdida de hueso alrededor del implante y, si no se controla, pérdida del implante.
Por eso el orden importa. En un paciente con periodontitis activa se estabiliza primero la enfermedad y después se plantea la colocación de implantes, no al revés. Y una vez colocados, el mantenimiento pasa a incluir también el control de esos implantes. Si te interesa el proceso completo, lo detallamos en el artículo sobre el implante dental paso a paso.
Lo que sí depende de ti entre visita y visita
El tratamiento en la clínica limpia la raíz; lo que impide que el biofilm se reorganice es lo que haces cada día en casa. Cepillado con la técnica adecuada dos veces al día prestando atención al margen de la encía, limpieza interdental diaria con cepillos interproximales del calibre que te indiquen o con hilo, y no abandonar el cepillado de una zona porque sangre, ya que sangra precisamente porque está inflamada y necesita limpieza.
El tabaco merece mención aparte: es uno de los factores de riesgo mejor documentados, empeora la respuesta al tratamiento y enmascara el sangrado, de modo que la encía parece más sana de lo que está. Si tienes diabetes, el control glucémico y el periodontal se influyen mutuamente y conviene abordarlos en paralelo.
Preguntas frecuentes
¿La periodontitis tiene cura?
Se controla, no se cura en el sentido de desaparecer para siempre. El tratamiento detiene la destrucción del hueso y devuelve la salud a los tejidos, pero el paciente sigue siendo susceptible y necesita mantenimiento periódico de por vida para que la enfermedad no vuelva a activarse.
¿El hueso perdido se recupera?
Por sí solo, no. El objetivo del tratamiento periodontal es frenar la pérdida y conservar el soporte que queda. En defectos óseos con una forma concreta pueden valorarse técnicas regenerativas, pero eso depende de cada caso y solo puede determinarse tras la exploración clínica y radiográfica.
¿Duele el raspado y alisado radicular?
Se realiza con anestesia local, de modo que durante la sesión no se nota dolor. Después es habitual cierta sensibilidad al frío durante unos días, porque la encía desinflamada se adapta y deja la raíz más expuesta. Suele remitir, y en la clínica te darán las indicaciones para manejarla.
¿En cuántas sesiones se hace el tratamiento?
Depende de cuántos sectores estén afectados y de la profundidad de las bolsas. Lo habitual es trabajar por cuadrantes en varias citas y programar después una reevaluación. El número exacto forma parte del plan de tratamiento que se establece tras el diagnóstico.
¿Es lo mismo una limpieza dental que un tratamiento periodontal?
No. La higiene profesional actúa por encima de la encía, sobre el sarro visible. El tratamiento periodontal entra por debajo de la encía, dentro de la bolsa, sobre la superficie de la raíz, y requiere anestesia y varias sesiones. Una limpieza no detiene una periodontitis.
¿Si me sangran las encías y no me duele nada, puedo esperar?
El sangrado es el primer signo de inflamación, y la ausencia de dolor es justamente lo que hace que esta enfermedad avance sin que se consulte. Es preferible que te exploren y descarten pérdida ósea a esperar a que aparezcan síntomas más evidentes, porque para entonces el daño acumulado es mayor.
¿Dónde puedo hacerme una revisión periodontal en el Corredor del Henares?
En nuestra clínica de San Fernando de Henares atendemos a pacientes de la zona, incluidos Coslada, Torrejón de Ardoz y Mejorada del Campo. Puedes pedir cita llamando al 912 31 50 36 para una valoración presencial. Si estás comparando opciones, te puede servir nuestra guía sobre cómo elegir clínica dental en el Corredor del Henares, y puedes conocer al equipo que te atenderá.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye a una consulta odontológica. El diagnóstico de la enfermedad periodontal y su plan de tratamiento solo pueden establecerse tras una valoración clínica presencial con sondaje y radiografías.
Artículo revisado por la Dra. Diana Gómez, directora médica de la Clínica de Implantología Oral de San Fernando de Henares.